Artículos de interés

Seiki Meridian Shiatsu International
Alejandro Cohen. Santiago,Chile. 2010.

“El camino hacia arriba y el camino hacia abajo son uno y el mismo”
Lao Tse

Ha finalizado el día de trabajo. Desde la ventana de un piso alto de mi clínica observo el atardecer, uno más de los tantos atardeceres cuando el sol rojo y brillante inicia su despedida lentamente ocultándose tras la Cordillera de los Andes. El milagro de la Naturaleza. Pienso en los atardeceres que he presenciado durante años desde este mismo lugar, unos lluviosos que golpean mi ventana, otros nublados que oscurecen mi espacio, otros con nubes alborotadas, lluvias, relámpagos, luz, sombra. Y todo este colorido tiñe los árboles, la cordillera, los edificios y toda la extensión de mi vista. Figura y fondo en constante cambio y transformación. Año tras año soy espectador y participante de este ciclo y en cada atardecer mis emociones se movilizan de manera diferente. Porque soy parte de la Naturaleza – que es cambio y transformación constante – y al mismo tiempo soy parte de ella, que simultáneamente sigo el mismo curso de mi cambio y mi transformación. El milagro de la armonía.
El Síntoma/Enfermedad. La enfermedad es la pérdida de esta armonía. Desconexión con la Naturaleza, o, el trastorno de un orden hasta ahora equilibrado.

La pérdida de armonía se origina en la CONCIENCIA (e incluso más atrás), en el plano de la información, y en el cuerpo sólo se MUESTRA. El cuerpo material es el escenario en el que se manifiestan las imágenes de la conciencia. Por lo tanto, si una persona sufre un desequilibrio en su conciencia, ello se manifestará en su cuerpo en forma de SÍNTOMA. Por lo tanto, nuestro objetivo, es ir al encuentro de la CAUSA y no el efecto (conciencia y no manifestación física). El restablecimiento del equilibrio por parte del paciente es un PROCESO; ir al encuentro de la causa/conciencia. No se trata de combatir la enfermedad sino de transmutarla, ampliando la conciencia modificando los patrones NEGATIVOS por PROACTIVOS. El síntoma es un llamado de atención, el aviso de una anomalía que nos implora hacer una indagación. Ahora, desde el punto de vista holístico, la enfermedad se produce a partir de la fijación de un desorden. En otras palabras, cuando un desorden pierde la capacidad de cambio, de transformación, el cuerpo vivo pierde la capacidad de realizar las funciones sanas y vitales (Mente/Cuerpo/Espíritu, como un Todo unido). La medicina oriental no ataca directamente los síntomas, porque los síntomas se consideran como parte del proceso de autocuración a través de las vías naturales del cuerpo. El origen de la enfermedad no es el estado en que se manifiesta un desorden, sino el estado en que ese desorden queda estancado.
Clínica. Las sesiones, una tras otra, trasmiten el sufrimiento humano. Cada paciente es una parte del sufrimiento de la humanidad. Migraña, tendinitis, dolores por todo el cuerpo (fibromialgia), dolores
musculares, angustia, pánico (de los más variados), depresión (de los más variados), enfermedades relacionados con el útero (lista interminable), tinnitus (sonidos en el oído, una gama insoportable), próstata, cáncer… Y así, la lista continúa y se suman otras tantas enfermedades de “origen desconocido” por parte de la medicina científica.
Inicio del Proceso de Cambio/Transmutación. Son las 10:00 a.m. Suena el timbre y abro la puerta. Frente a mí, se encuentra una persona, que hasta ayer era sólo una voz doliente por el teléfono. El paciente se recuesta sobre un tatami (colchoneta sobre el piso) y yo a su lado… “Shiatsu es la expresión del corazón” vibran en mi mente las palabras de sensei Tzvika Calisar. Muy bien, ahora a unificarnos con el paciente de corazón a corazón. Se inicia la presión sobre una área específica del cuerpo del paciente, se mantiene la conexión, y así, sin interponer nuestro ego de por medio (uuuffff…que trabajo!!!) se sigue avanzando sin perder la conexión… sólo corazón, sólo corazón!!!, me repito. El receptor/paciente parpadea a pesar que tiene sus ojos cerrados, de pronto una mueca (señal que “algo” le está aconteciendo), se le pregunta al respecto. Responde que algo “extraño”, como una corriente se desplaza por su cuerpo y sale por la yema de sus dedos, o el ombligo, o los ojos, o… De pronto se estremece ligeramente, le ha surgido una imagen seguido de una emoción, ahora, sus lágrimas afloran y tantas veces, en situaciones similares, un torrente. La sesión avanza. “Corazón, corazón, no piense” retumban en mi mente las palabras y ahora, la figura de sensei Calisar. SEIKI es sinónimo de CORAZÓN
(en idioma japonés) en Seiki Meridian Shiatsu International. La comunión de la Naturaleza y la dolencia del paciente, esa porción de amor que todo ser humano contiene, como un océano prístino, infinito, profundo; mi propia fuente que nos nutre de vida sana. Y ésa es nuestra meta: desde mi propio Seiki, unificarme con el receptor/paciente e ir al encuentro de su fuente de amor que lo renueva y purifica, más profundo que su sufrimiento, más profundo, y desde esa raíz de amor, elevarse hacia la curación. Seiki, que trasciende la dolencia humana. Ha finalizado la primera sesión y el paciente se siente más aliviado, su cuerpo más liviano y su mente más despejada… Una sonrisa aflora desde sus adentros, una sonrisa que en definitiva, es su alma que agradece el haber escuchado su llamado de ayuda. Se ha iniciado el proceso de transformación, de recuperación… Hasta la próxima sesión, hasta transmutar el circuito negativo (reactivo) a positivo (proactivo) en su totalidad. La cantidad de sesiones depende la severidad del síntoma.

¿Atrapado sin salida? ¿Dónde estoy? ¿Porqué? El génesis. El ser humano es contradictorio en su creación. Somos recuerdo y emoción. Durante el curso de nuestra vida, reproducimos rutas, rutas que fueron creadas desde nuestro nacimiento por aquellos que nos dijeron lo que teníamos que hacer, decir y pensar; como es de esperar, con el tiempo no todo coincide con lo que nos dijeron, y bueno, por ahí empiezan los problemas, nuestros conflictos. Y así, las distintas conexiones/rutas se van reproduciendo. Circuitos
negativos (también llamados traumas) y positivos que se recrean a cada instante de nuestra existencia.

Las primeras luces de las ventanas de los edificios contiguos se encienden como luciérnagas. El sol que hasta hace poco teñía de rojo, ahora, con una venia de despedida, busca el reposo tras las faldas de la cordillera. La luz busca el descanso y las luciérnagas artificiales toman su lugar. El ciclo continúa…

Hacerme cargo de mi recuperación. ¿Y el Libre Albedrío?, ¿esa porción de libertad, de elección, de decisión personal? Por un lado la contradicción y su contrapartida, el libre albedrío. Interesante juego de opuestos. Como comentábamos, el desequilibrio se crea en la conciencia (trauma/fijación) y el libre albedrío corresponde al aquí y ahora y la capacidad de decisión. Si el dolor, el sufrimiento de un síntoma es un llamado de auxilio que se manifiesta en el plano físico, si lo entiendo como tal, entonces puedo tomar conciencia de enfrentar el camino de mi sanación. Pedir ayuda, ser asistido, de asumir la dura travesía de eliminar esos circuitos negativos y “reprogramarme”. Ser lo quiero de mí. Me recuerda el recorrido del gusano de seda, que atraviesa bajo la tierra un largo trayecto de oscuridad y humedad bajo tierra, alcanzando la luz, para finalmente, elevarse hacia el espacio convertido en mariposa… Ignoro si es fácil o difícil, lo único que tengo claro es que se hace o no… Perseverancia, fe en sí mismo y constancia, son las herramientas con las que cuento para iniciar la transmutación. Los demonios internos se resisten, se revolucionan, se niegan a desalojar un espacio que por años han
dominado mi interior controlando mis conductas y reacciones, esas indeseables.

La noche se adentra en medio de esta tranquilidad en que me encuentro. Oscuridad, estrellas que titilan en el espacio y dentro, las luciérnagas que alumbran las ventanas de los edificios, ahora, multiplicados. Sombra y luz. Seres humanos agrupados en esas ventanas iluminadas, y fantaseo:¿qué hacen?, ¿de qué hablan?… De pronto, de manera intempestiva, la sirena de una ambulancia resquebraja este marco de armonía. Mi corazón se acelera y en una fracción de segundo, mis pensamientos brincan y súbitamente me conecto con el dolor…

¿Sanador?, ¿salvador?, ¿santo? No, nada de eso!!!!! Todo ser humano es un sanador. Todo ser humano es amor y por supuesto, su contrapartida: odio, o como quiera llamarlo. La simple ecuación de los opuestos que en taoísmo se determina como Ying – Yang. La Ley de los Opuestos que se complementan, la atracción de los polos unidos indefectiblemente: luz/sombra, amor/odio, noche/día, arriba/abajo, sano/enfermo, guerra/paz, pobreza/riqueza, y así…una ingeniería divina de entrelazados, uno contiene la parte de lo otro formando una Unidad que a su vez es parte de un Todo. Vivir con amor es una opción, más bien diría, una oportunidad. Ejercer un oficio, cualquiera que sea, es posible realizarlo de la misma forma amorosa. La actitud con que realizamos nuestras acciones diarias es lo que determina nuestros comportamientos. Abrir los ojos al despertar… con amor, mantener esa sensación a lo largo del día en el
quehacer de vivir – con – el – amor, es mi decisión; es decir, en estado Seiki. Un abrazo sincero, desde el corazón, es sanación. Acariciar a nuestros seres queridos es sanación, situarse en el lugar del otro, en especial, cuando necesita ayuda, es sanar a distancia, no desearle daño al que nos agrede (porque ése es su conflicto), es darle la oportunidad al agresor que modifique su conducta. El origen de la enfermedad es el estancamiento, la rabia acumulada, la represión mantenida, la pena inconsolable, el rencor… Fijaciones, patrones negativos que a lo largo de nuestra existencia repetimos y alimentamos de acuerdo a nuestras experiencias. Imagen/emoción se reproducen al instante. Sin tiempo ni espacio. Toda la información está atesorada en el inconsciente, sólo basta presionar el gatillo y ya está, aquí- ahora aparecen ¡¡¡!!!! Si por ejemplo, en mi infancia aprendí a recibir amor por medio de la violencia, esa “fijación” me acompañará por el resto de mi vida. Buscaré relaciones violentas para sentirme amado(a). Hasta que yo decida responsablemente modificar el circuito, o simplemente abandonarme. Alguien decía: “si no estás al mando de tu vida, la peor parte de ti, lo hará”.

Intencionar el corazón. Las escuelas y métodos para aprender este oficio de sanar son variados. Los hay desde la escuela tradicional, sin salirse de las normas clásicas, hasta por vía Internet. Desde recibir mensajes personalizados desde la divinidad, hasta seguir paso- a- paso las instrucciones de un manual.
Creo que la elección de este oficio se relaciona con las necesidades de la persona. Las hay desde el apuro de aprender “una técnica” fácil y rápida para obtener
beneficio económico inmediato; porque está de moda; por cubrir el tiempo de cesantía hasta encontrar trabajo; “porque cada vez que pongo mis manos sobre alguien con dolor, desaparece” (el dolor), en fin, las necesidades. No se enjuicia. “¡¡¡El corazón, el corazón ¡!!!” Sin corazón difícilmente algún método de sanación tiene llegada al alma sufriente con el fin de restablecerlo.

Humilde recomendación. Escucha tu corazón antes de determinar dedicarte al oficio de sanar. Es una consagración. Es un Camino pedregoso de aprendizaje diario, de estudio, de revisión personal, de trabajo incesante y cambio constante; con caídas y levantadas del fango. Y satisfacciones. Ser canal implica limpieza, honestidad, no darle cabida al ego. Sólo dar, sin esperar retribuciones. Dura tarea. Sólo Seiki, y más Seiki. Vivimos tiempos difíciles. Humanos complicados, estresados, deprimidos. Una humanidad que a cada instante se debilita, enceguecida por el control y el poder. También el opuesto. Grupos humanos repartidos por el mundo haciendo su trabajo de sanar, con amor y gratitud. La Ley de los Opuestos…

Mis agradecimientos. A sensei Tzvika Calisar por su entrega y dedicación consagrada al Seiki Shiatsu, ejemplo para sus alumnos, donde me incluyo. Años de paciencia enseñando con humor. Su constante ocupación de investigar y perfeccionar el método con el fin de aliviar a los enfermos con terapias cada vez más efectivas.
A mis pacientes. Gracias a cada uno de ellos, que con disciplina, constancia, trabajo y fe en sí mismos lograron abandonar la adicción a los fármacos y los
demonios que habitaban en sus aposentos internos. Tanto aprendo de ellos.
A mis alumnos, por supuesto, que por años, aún continuamos trabajando juntos con amor. Hoy, muchos de ellos, ejercen en sus propias clínicas y semana a semana continuamos el camino aprendido de maestro a maestro. También a los aprendices, que observo con admiración los esfuerzos que realizan por combatir y disimular los dolores de rodillas, las dificultades de relajar los miembros y comprender que el Universo, como el cuerpo humano, es un conjunto de elementos unidos y que funcionan al unísono, todo relacionado en perfecta armonía. Algo así como una sinfonía compuesta por músicos, instrumentos, partituras, un director, que cuando se unifican y cierras tus ojos… trascendemos hacia el misterio, hacia lo sublime…es cuando te encuentras a la vera del Creador. Trabajar, aportar con nuestro servicio a la comunidad con el fin de aliviar y hacer de este mundo un espacio donde vivir de la mejor manera.

Cuánto tiempo ha pasado? Si existiera la medición, diría que una vida. ¿La vida encapsulada en un minuto?, ¿un segundo? ¿mi vida?, ¿la humanidad en mi vida? No lo sé… Somos recuerdo y emoción, somos navegantes del espacio en que realidad e ilusión son una transposición de imágenes, una vorágine de emociones que tantas veces ignoro si alguna vez ocurrió…

Es hora de despedirnos. Por última vez miro a través de mi ventana ese manto negro con pintas blancas centellantes, ahora dirijo mi vista a esas ventanas que iluminan las luciérnagas, y ya no es
igual que hace un minuto, ¿un minuto? Parece, pero no es igual, ya no es lo mismo de antes… Cambio y transformación constantes. Cierro la consulta, me subo a mi bicicleta y cruzo los vientos pedaleando, pedaleando hasta sentir que estoy vivo…nuevamente.

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